13 Tzameti, ni chicha ni limoná
Soy un iluso, tengo que reconocerlo. He vuelto a caer en la vieja trampa de hacer caso a los pseudocrÃticos que hablan de las pelÃculas sin conocerlas (la mayorÃa) y los que pese a haberlas visto no se han enterado de nada (pena de cárcel para ellos, por favor). Me vendÃan esta pelÃcula como una nueva maravilla del cine negro independiente, un paradigma de la innovación estilÃstica y argumental.
No niego que la idea inicial es buena, en lo que constituye una nueva vuelta de tuerca al intrigante mundo de las apuestas relacionadas con la ruleta rusa, pero todo en este film es tan previsible que el guión parece escrito por José Luis Moreno. La forma en la que nuestro anónimo protagonista se encuentra metido en este oscuro mundo me parece absolutamente pueril e increÃble, y la exposición de la competición en sà misma resulta monótona, derivando en una sucesión de escenas en las que un grupo de gente se vuelan la cabeza unos a otros sin ton ni son, ni ninguna gracia.
Por Dios, es que no hay ni un chorrito de sangre efectista que nos despierte del letargo! Por el mismo camino va el tema en su aspecto artÃstico. La utilización del blanco y negro me parece un ejercicio de puro snobismo, ya que el director no le saca ningún partido especial, ni construye grandes planos, en mi modesta opinión. Yo castigarÃa al realizador a ver Manhattan, de Woody Allen, 500 veces para que aprendiera a rodar en blanco y negro.
La pelÃcula transcurre entre bostezos y el asombro que normalmente causa el hecho de apreciar que alguien haya podido hacer algo tan deslabazado y falto de ritmo. El final es más previsible que darle diez tequilas a un niño de seis años, y la tensión dramática (que solamente se atisba en la primera ronda de la competición) se va perdiendo lamentablemente hasta que aparecen los salvadores tÃtulos de crédito. En definitiva, otra buena idea que se pierde en el limbo…
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Esta pelÃcula es una limpieza en seco, una paliza con guantes, un coitus interruptus que tiene su punto, por lo original de la propuesta y una puesta en escena precisa, donde no sobre ni falta nada. Deja el mismo gusto que pasar la lengua para una cuchilla.