Durante la sobremesa del sábado 28 de marzo pasado tuve la oportunidad de volver a ver Misterioso asesinato en Manhattan en un canal temático. Hacía malo en Madrid, la lluvia y el viento recomendaban que lo mejor que uno podía hacer era quedarse “tan a gustito” en el sofá del salón viendo la tele.
Ya había visto la película cuando la estrenaron pero fue un verdadero placer volver a descubrirla. Quizás porque el otoño le hace mucho bien a las películas de Allen, quizás porque una vez vista varias veces uno empieza a fijarse en otros detalles. El cine de Woody Allen se define tanto por su escritura, genial, como por su forma de rodar, sus famosos travelling por su ciudad preferida, Nueva York. Sabiendo esas premisas uno se empieza a fijar en estos detalles de estilo, una vez que la trama la conoce, para dejarse llevar por la sutileza de los movimientos de cámara y por los escenarios de Manhattan. Y al hacerlo le entran ganas de meterse dentro de la pantalla al igual que le ocurría al personaje interpretado por Mia Farrow en La Rosa Púrpura del Cairo.
Al contrario que en esta película ningún actor le invita directamente a entrar, sin embargo es el ambiente quien indirectamente lo hace. Porque los personajes de la película son humanos, algo paranoicos eso sí, pero muy cercanos, nada estirados. Te hacen sentir parte de sus historias porque tu también sales a cenar con tus amigos, intentas emparejar a algún soltero u separado, e inventas historias de misterio…. Lo único, que te gustaría hacerlo en los mismos sitios donde rueda Allen, quien maneja como nadie las localizaciones porque éstas son parte de las historias y de los personajes, siempre con un fondo sonoro de música de jazz.
La sobremesa termina igual que la película y sin darte cuenta te has dado un paseo por Manhattan, en compañía de los personajes ideados por Woody Allen, al igual que si hubieras estado durante un rato en la ciudad de los rascacielos.
Ya sé que hace tiempo que Allen no rueda en Nueva York y francamente lo echo de menos. A una tarde de lluvia en el salón de tu casa no le sienta tan bien el visionado de “Vicky Cristina Barcelona” o “Scoop”. Y no lo digo por Londres o Barcelona.



