Cartel de AlatristePara empezar diré que soy asiduo lector de Arturo Pérez Reverte, que comparto en gran medida muchas de sus opiniones y análisis, y que no soy nada imparcial; al fin y al cabo, ¿quién lo es?

Alatriste, basada en las cinco novelas del escritor cartagenero sobre este soldado y espadachín, está bien dirigida por Agustín Díaz-Yanes. Los más quisquillosos dirán que faltan muchos acontecimientos de las novelas, que deberían haber hecho más partes y tal. Sin embargo, creo que el alma de Pérez-Reverte está ahí en Alatriste, en un Viggo Mortensen que está soberbio por lo sobrio, por esa mirada que hiela la sangre del hombre y ablanda el corazón de la mujer.

Aquel que haya leído a Reverte verá en esta película todo lo que éste admira y echa en falta en nuestros días: el honor, la honestidad, los principios, la discreción y la valentía. Todo está en esta película en la que se reflejan las glorias y miserias de una época muy concreta durante el reinado de Felipe IV y que bien podría reflejarse en el mundo en que vivimos. Cualquiera podría pensar que las cosas han cambiado, pero en realidad no lo hemos hecho tanto. Los intereses, el dinero, las traiciones, las infamias, las guerras, las divisones y el amor siguen moviendo el mundo.

Las escenas de batalla en nada desmerecen a las que vienen del otro lado del charco; y la ambientación es genial, con rincones históricos que permanecen
inalterables al paso del tiempo. La música, el vestuario, todo está muy cuidado. Y es para enorgullecerse que una película de presupuesto español, si bien es verdad que éste es el más alto de la historia de nuestro cine, esté tan bien hecha y tan sobresalientemente interpretada por Mortensen, Anaya, Echanove y Eduard Fernández y notablemente por el resto.

En su contra puede que muchos no entiendan por qué los protagonistas toman unas decisiones u otras o qué es Breda, Flandes, los Tercios o -vaya usted a saber- Felipe IV y Quevedo. Quizás tendrían que haber sustituído a unos por Superman y a otros por Batman o Rambo para que algunos lo entendieran mejor. Otros dirán que hay demasiada sangre, que esperaban otra cosa, pero qué quieren, cuando los Tercios españoles salían de misión no iban sólo a recibir como las tropas de la ONU. Esta es la historia de un soldado, no de una monja de la caridad y el héroe es español, no un vaquero, ni un marine estadounidense.

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