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Aritmética emocional

Cartel de Aritmética emocionalDebería comenzar diciendo que Susan Sarandon es una actriz que me pone mucho. No sólo por cómo trabaja sino por su compromiso político sin tapujos ni medias tintas, incluso porque sin ser una tía guapa, tiene ese encanto en las facciones, en la mirada…me pasa como con Meryll Streep, quizás sea una actriz de las de antes. Ella no va buscando la foto a toda costa, según mi opinión, ni va lloriqueando para chupar del bote, creo sencillamente que es fiel a sus propios principios y por eso es contraria a Bush con todas las de la ley y no se esconde ante una guerra injusta. Así lo demostró en la rueda de prensa posterior al pase de Aritmética emocional . En dicha rueda de prensa -además de desear la victoria de Obama, tachar de estúpida la política de Bush y sospechar que le pincharon el teléfono- admitía, entrando ya en materia, que jamás hubiera hecho esta película sin un apoyo de actores como el que tenía (Max Von Sydow, Christopher Plummer o Roy Dupuis) y no por la capacidad de éstos por “vender” sino por sus aptitudes de cara a los difíciles papeles que debían interpretar. Y es que en esta película la interacción entre todos era primordial. Algo que consiguen.
 
Teatral en su forma, todo se desarrolla en una casa idílica donde viven Melanie (Sarandon) junto a su marido (Plummer), el hijo de éstos (Dupuis) y el nieto; una casa a la que llegan de huéspedes Jakob (Max Von Sydow) y Christopher (Gabriel Byrne), a los que Melanie lleva años sin ver y con los que sobrevivió a un campo de concentración. La trama no es repetitiva, habla del Holocausto, sí, pero la historia va de la memoria, de los sentimientos que quedan alojados en el subconsciente y contra los que no podemos luchar si las cicatrices no están cerradas. El trauma, la depresión, la infelicidad, la insatisfacción…desde luego no es una película divertida, aunque la presencia de un niño en determinadas circunstancias sirve para endulzarla, como también algún comentario irónico de Christopher Plummer.

El director, Paolo Barzman, es capaz de mostrar los rasgos que desnudan a todos y cada uno de los cinco personajes principales y sólo tira de flashbacks en los momentos en que es necesario, cuando ya lo estás echando de menos, sin sobrar apenas un plano. Una película plagada de momentos y de diálogos inteligentes y cargados de contenido y de mucho sentimiento (espectacular la escena del sandwich de madrugada entre Plummer y Sydow, demostrando que con poco se puede decir mucho). Una explosión de egos y de personalidades al límite en un Edén, un paisaje espectacular, que sirve como elemento decorativo de una tempestad de emociones. Poco a poco, de afuera a adentro, como con las muñecas rusas vamos introduciéndonos en esos fantasmas que acosan a los personajes hasta encontrar las causas de todos los comportamientos. Una película recomendable, pero amarga, y no en lo referente al Holocausto, nazismo, etc, etc. Va de otra cosa y conmueve.

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1 Comentario

milmusas dejó un comentario el 5 Julio 2008 a las 22:30
  1. Totalmente de acuerdo. Conmueve y duele sin levantar la voz, sin mostrar una sola imagen desagradable. Pero esos pedazos de actores son capaces de mostrar lo inmostrable con levantar una ceja.

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