Cine en concierto
Hace unos días tuve la oportunidad de disfrutar de una de las experiencias musicales más agradables que yo recuerdo: escuchar en directo algunas de las composiciones más importantes en la historia del cine y que, por lo tanto, forman también parte de nuestras vidas. Una buena orquesta, la alemana Europa Philharmonie, y una de nuestras directoras y compositoras con más presente y mejor futuro, Inma Shara, consiguieron llevar a las memorias y a los corazones del público que nos reunimos en un auditorio madrileño algunos de los fragmentos cinematográficos más memorables. ¿Qué sería del cine sin la música? Sería, pero mucho menos arte.
Las bandas sonoras son capaces de transmitir tantos sentimientos como las imágenes. En no pocos casos, es lo único salvable de un largometraje. Y siempre es el complemento perfecto para los mejores guiones, directores e intérpretes. Lo que el viento se llevó sería menos mitológica sin las fabulosas composiciones de Max Steiner; Memorias de África sería algo menos memorable sin la música de John Barry; El padrino perdería parte de su encanto sin la contribución musical de Nino Rota; e, incluso, Titanic y Ben-Hur no se hubieran convertido en las películas más oscarizadas de la historia del cine sin los trabajos de James Horner y Miklós Rózsa, respectivamente. Love Story o Carros de fuego son dos clásicos que no todo el mundo ha visto pero cuyo tema musical central todos somos capaces de tararear. Y así hasta dieciséis pedacitos de cine salidos de los acordes de la orquesta.
Poco más se le pudo pedir al concierto, que duró dos horas pero que me hubiera gustado que se alargara mucho más. Casablanca o La guerra de las galaxias, por poner sólo dos ejemplos de obras maestras, se quedaron fuera del programa. ¡Es tanto lo que el cine le debe a la música! No se me olvida otro filón de las BSO: Disney; desde La Bella y la Bestia hasta Mary Poppins, pasando por El Rey León o todas las que queramos recordar, pues todas forman parte de nuestra vida (me es obligatorio nombrar la contribución de Alan Menken, con una estantería llena de Oscars). Tampoco quiero que falte en este repaso una mención a los musicales: Sonrisas y lágrimas, Grease… y sigan redordando ustedes, que a mí se me acaba el espacio. En fin, música y cine de nuestras vidas.
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