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Cosas que perdimos en el fuego

Cartel de Cosas que perdimos en el fuegoSiempre he creído firmemente en el hecho que la elección de la película que uno quiere ver depende mucho del estado de ánimo, además de los gustos que uno tenga y de, por supuesto, la pareja. Como yo no tengo novia y, lamentablemente, no había programada ninguna película de terror en mi ciudad, me dejé llevar más que nunca por mi estado de ánimo, que, por otra parte, era pésimo. Dos días lloviendo a mares y la astenia primaveral me llevaron a optar por Cosas que perdimos en el fuego, que prometía tristeza, dolor desgarrador y alcoholismo a raudales.

La película ofrece lo que promete, pero le fallan mucho las formas. No todo vale, señor director, hay que aportar algo. A Halle Berry, que se está convirtiendo en la llorona buenorra por antonomasia, se le muere un marido que se aproxima aburridamente a la perfección y que es el padre de dos niños tan de diseño que hasta a mí me apetecería tener (por supuesto solamente durante dos días o tres). Numerosos flashbacks nos permiten apreciar en toda su extensión lo fantástico que era el marido y cuanto se querían. Total, que al hombre lo asesinan absurdamente, lo que motiva media hora de manidos clichés sobre la ausencia de un ser querido, el dolor y cómo afrontarlo, etcétera. Todo está muy visto, el metraje se convierte en un estereotipo indignante y básicamente no pasa nada que justifique el pago de la entrada (un poco de carne de Berry, pero tampoco mucho, o sea que nada de nada).

Entonces, de repente, la cosa se anima un poco. El film se empieza a centrar en la relación de amistad entre la viuda y el mejor amigo del marido, que para más inri es un drogadicto de cuidado, y, lo más interesante, en la lucha de este por salir de la droga. Por lo menos en esta media hora pasa algo, el espectador se identifica un poco con el amigo drogadicto y su vuelta a la normalidad, para luego caer con él en el infierno y posterior desintoxicación. Entonces el drama se vuelve real, la película deja de engañarnos con estereotipos edulcorados y el espectador empieza a sentir realmente algo más que indignación con el guionista. En definitiva, iba a buscar un dramón doloroso y me encuentro con una especie de En busca de la felicidad (Will Smith dando pena) cercana al vómito, pero cuando ya me levantaba para irme de la sala, hay algo (además de la lluvia) que me lleva a quedarme y me permite acabar el film sin más ni menos mala leche de la que ya traía de casa. Algo es algo, aunque al salir del cine seguía lloviendo…

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5 Comentarios

milmusas.com dejó un comentario el 13 Mayo 2008 a las 22:27
  1. Suena a topicazo y, además, he visto que Del Toro sale, como siempre, hecho un guarro. ¿Alguna vez hará de galán o, por lo menos, irá arregladito?

José A.Ritoré dejó un comentario el 13 Mayo 2008 a las 23:22
  1. Me gusta el título, me recuerda a “Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto”, aquella gran peli con Andy García. Ya veo que no daban nada más adrenalinico por tu tierra, aunque creo que por ahí dan Dueños de la calle. Un abrazo

Budokan dejó un comentario el 14 Mayo 2008 a las 0:18
  1. A mi también me parece atractivo el título, me genera una agradable curiosidad. Saludos!

vassago dejó un comentario el 14 Mayo 2008 a las 1:07
  1. La verdad es que se trataba de las dos opciones, o esta o Dueños de la calle, pero es cuando veo al amigo Keanu en la pantalla me salen manchas en la piel… Además, no tenía el cuerpo para una película de acción (negaré ante un tribunal haber dicho eso) . Un abrazo

Dick Laurant dejó un comentario el 29 Mayo 2008 a las 23:55
  1. Buena crítica. La peli no la veo ni loco…

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