El viento que agita la cebada
Mis expectativas eran altas. Ken Loach se habÃa llevado la Palma de Oro en el Festival de Cannes. La cosa tenÃa buena pinta. Y no estaba equivocado…Loach nos presenta el inicio de las revueltas contra la corona inglesa, que dieron como resultado, años después, la independencia de la República de Irlanda. Es el nacimiento del IRA, que se produjo bajo el yugo y la opresión británicas.
Loach nos adentra en la campiña irlandesa, en la vida de esas gentes orgullosas, en sus tradiciones y sus anhelos, para, a través del personaje principal, trazar un drama con final triste, de esos que se ven venir. La virtud del director es mostrarnos todas las caras de un conflicto en torno a un tipo culto, un doctor, que ve truncada su carrera en pos de un sueño complicado: librarse de los ingleses. Al final es un reflejo de lo que somos los hombres, de lo distintos que somos unos y otros, de la imperfección que nos hace perfectos…
Otra cosa a su favor es la forma aséptica como ocurren las cosas. Uno muere cuando le toca y punto. No como ocurre en las pelÃculas de Hollywood que el bueno, si debe morir lo hace a cámara lenta y siempre hay detrás un hijo, que recibe el mensaje correcto para que todos aprendamos lo bonito que es tal o cuál. Si esta pelÃcula la coge el toli de Mel Gibson, nos hace un Braveheart gaélico, pero la cosa no es asÃ. No señores, esto es una historia que suena a realidad por todos los lados.
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