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Hostel 2, este no es un mundo agradable, pero nos gusta

Cartel de Hostel 2Llamadme simplista, pero en mi humilde opinión la diferencia entre una película del montón y una buena película es la sensación que queda cuando se encienden las luces de la sala y uno se levanta de su cómodo asiento. En este sentido, debo admitir que prefiero irme con cierto mal rollo interior de la sala, con la sensación que me han mostrado las miserias de la condición humana sin concesiones. Por eso me gustan tanto las películas de terror y filmes tan devastadores como Dogville, por ejemplo.

Hostel 2, que en algunos momentos roza la parodia y en otros llega a aburrir, es una formidable patada en los testículos y tiene una media hora final de manual, absolutamente brillante en su brutalidad, más conceptual que visual.

Ese es otro de los elementos a destacar. En mi opinión no es una película de terror de escenas excesivamente duras, del estilo de Saw, aunque, desde luego, no se trata del tipo de películas que llevaría a ver al tío del banco que me tiene que conceder la hipoteca. La saga Hostel tiene fama de extrema dureza, pero creo que en crudeza visual no le llega a la suela de los zapatos a otras películas, ni falta que le hace. Pese a ello, existe una escena en la parte central del film de una belleza sádica digna del marqués de Sade. Hay que estar muy enfermo para idearla, pero resulta tremendamente efectiva en su intención de escandalizar al espectador al mismo tiempo que le excita.

En este momento de la película, uno -un pelín avergonzado de haber disfrutado tanto con el dolor ajeno- ya se plantea que la media hora inicial de la cinta -un muermo en plan Erasmus de tías buenas- es un simple engaño para que les cojamos afecto a las protagonistas, y que la película va a ir a mejor con el paso del tiempo.

Efectivamente, la cosa se convierte en el planteamiento sin cortapisas de un dilema moral, el de los sádicos protagonistas de un juego dirigido a causar el dolor de desconocidos a cambio de dinero, que se acaba conviertiendo en el dilema moral del propio espectador, que al fin y al cabo ha pagado dinero -mucho menos- para disfrutar con el dolor ajeno, aunque sea ficción. Este buen embrollo, aderezado con un par de giros argumentales que sin ser geniales resultan divertidos y estimulantes, desemboca en una fantástica orgía de dolor, sadismo y personalidades desdobladas que le deja a uno una sonrisa maliciosa al final del film que perfectamente se podría ver representada por la frase “no es un mundo agradable, pero nos gusta…”.

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2 Comentarios

José A. Ritoré dejó un comentario el 19 Junio 2007 a las 13:28
  1. Dios!!! Menos mal que tengo prohibido por mi dentista este tipo de películas, no las resistiría. Gracias Vassago por ahorrarnos el trago. No sé si tu yin está pudiendo con tu yan, porque esta película la ha puesto a parir hasta el más “a - gore - ro”

mangafan dejó un comentario el 4 Enero 2008 a las 9:46
  1. La primera es un truño tremendo, creo que es la unica peli que no vi hasta el final de los últimos 5 años. Ah, no, me olvidaba de Gardfield.

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