Cartel de la película*Nota: el autor del mejor comentario del post se llevará el cuaderno de prensa de la película: 52 páginas con fotos, dibujos y todos los detalles y anécdotas sobre la película. 

Antes de nada. ¿Sabemos todos quien es Steven Spielberg? Supongo que sí. Hablamos del genio del entretenimiento, del cine como espectáculo y diversión (Tiburón, E.T., I.A., Minority Report…) aunque tampoco desdeñe en trabajos con otra factura (Salvar al soldado Ryan o La Lista Schlinder). Pues este monstruo del celuloide nos regala una película en la que no defrauda lo más mínimo a los seguidores de la saga de Indiana Jones. Puñetazos, patadas, persecuciones, golpes de toda clase y desde todos los ángulos, saltos, tiroteos, arañas, serpientes, pasadizos y puertas secretas… La acción más trepidante y más completa se desarrolla dentro de un marco de aventura que no nos deja respirar un segundo.

Desde la primera escena, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal nos agarra de la solapa y no nos concede una tregua, eso sí, con pequeños descansos en los que nos invita a sonreír, sobre todo cuando sale airoso de diversas fantasmadas inverosímiles y originales¿Qué esperabais? El protagonista es Indy y sí, está más mayor, pero lejos de amoldar la acción a la edad, el director de origen hebreo realiza la película más movida de toda la saga. ¿Qué más da que Harrison Ford esté cerca de cumplir los 66 años? Pese a que las canas y arrugas son bien visibles, el actor está en buena forma y las escenas de acción están dobladas a la perfección. Si algo ha conseguido Spielberg es crear un personaje, es decir, que con el sombrero, la chupa de cuero y el látigo tú estás viendo al arqueólogo aventurero de las tres primeras películas y no al Harrison Ford de casi 70 palos.

Con guiños a Sean Connery y Denholm Elliot (ambos aparecieron en La última cruzada y no están en esta entrega por pasotismo del primero y fallecimiento del segundo), nuestro intrépido héroe se verá envuelto en la búsqueda de una misteriosa calavera de cristal que parece tener un origen inca y que le llevará de los desiertos de California a las selvas amazónicas de Perú.

En su propósito estará acompañado por Mutt (Shia LaBeouf), un rockabilly temerario que le pone tras la pista de la misma y de un viejo amigo, el profesor Oxley (John Hurt), quien ha sido secuestrado junto a la madre del chaval. Enfrente tendrán a unos rusos capitaneados por la implacable agente Irina Spalko, protagonizada por una desconocida Cate Blanchett, que abandona ese corte angelical para dotar a su personaje de una mirada gélida y de mucha mala leche.

Lejos de ahogar la película en efectos especiales como ya le ocurrió a George Lucas con las primeras entregas de las secuelas de La guerra de las galaxias, en esta ocasión los decorados son en su mayoría reales o platós, por cierto muy currados, como todo el vestuario y la ambientación de los 50. De hecho, Spielberg aprovecha muy bien la época para dar pinceladas sobre la llamada “caza de brujas” comunista y sobre la era nuclear que ya había comenzado.

Cabe destacar, por si había dudas, que no es probable que Shia le coja el relevo a Harrison Ford –por lo menos bajo la batuta de Spielberg- y más después de una escenita del final relacionada con el famoso sombrero de Indy. Por cierto, el personaje de Shia no resulta cansino y no rivaliza en protagonismo con Harrison Ford. Es un condimento más que, pese a tener una de las escenas más difíciles de rodar con una pelea entre dos coches, no se come, en absoluto, el ingrediente principal, ni tampoco varía mucho su sabor. Es decir que Indiana sigue siendo Indiana.  
 
La música cómo no, es otro de los fuertes de esta historia de la que no les desvelaré nada más. Creo de verdad que no es una película para buscar matices de ningún tipo, simplemente es para sentarse y dejarse llevar por la aventura sin mayores pretensiones. Ni nos hará llorar, ni reírnos a carcajadas ni pensar más allá de qué sorpresa habrá detrás de los pasos de Indy. Esto es puro espectáculo, “made in Hollywood” y es difícil que alguien pueda hacerlo mejor que Steven Spielberg.

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