Kung-Fu Panda
La originalidad no es, definitivamente, un valor en alza. Kung-Fu Panda se enmarca en esta creciente tendencia a sobar un modelo y unos conceptos que se ha demostrado que funcionan en taquilla, pero que no aportan nada realmente nuevo. Como verás, no empiezo postrándome a los pies de esta pelÃcula que ha levantado signos de admiración entre muchos profesionales del gremio. Detecto una tendencia a dulcificar todas las crÃticas sobre pelÃculas de animación: es como si, el periodista, al enfrentarse a una pelÃcula “para toda la familia” volviera a su más tierna infancia, se le doblaran las rodillas y fuera incapaz de afilar el aguijón.
Dicho esto, no quiero que pienses que voy a dar cera a esta Kung-fu Panda: es una pelÃcula de animación como tantas otras: muy bien hecha, divertida, con humor y guiños para “adultos”; pero también algo repetitiva y previsible. A lo que sà daré cera es al patético doblaje de Florentino Fernández. ¿Por qué los yankees acuden a actores de prestigio para estas labores (Dustin Hoffman, Jack Black) y nosotros preferimos a ¿humoristas? famosillos. ¿Solo por las tres entrevistas de promoción? No me lo puedo creer, la chapuza está al orden del dÃa.
Los hallazgos de esta pelÃcula están en exprimir los contrastes y en recurrir a gags propios del cine mudo (Keaton, Laurel y Hardy) que aquà se pueden elevar a la enésima potencia (especialmente en la pelea final). No busquemos más allá, ni pretendamos que, a estas alturas, una pelÃcula de estas caracterÃsticas revolucione la industria y el lenguaje cinematográfico: entretenimiento con palomitas. Punto.
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