La dalia negra
Me gustarÃa estar presente en el momento en el que un director como Brian de Palma piensa “Se me ha ido de las manos. No hay Dios que convierta esto es una pelÃcula sensata“. Estoy seguro de los buenos deseos del bueno de Brian: tenÃa entre las manos una historia de cine negro, firmada por un escritor de prestigio, James Ellroy y con un reparto rutilante.
Pero tras 30 minutos en los que respiramos el mismo aire que podÃan haber respirado Robert Mitchum en ‘Adiós, muñeca’, Bogart en ‘El halcón maltés’, o más recientemente, Crowe en ‘L. A. Confidential’; La Dalia Negra se despeña por la incapacidad de guionista y director de tomar las riendas de una trama muy resbaladiza. Y cuando los de arriba no sostienen el cotarro, nos quedan los curritos (los actores) para sostener la función. ¿Lo consiguen aquÃ?
No, ninguno. Ni siquiera me parece que Johanson esté sexy. Bueno, a otro tema: la violencia. ¿Por qué tan explÃcita en una pelÃcula que aspira a recuperar el sabor del cine clásico? Me cabrean estos detalles. Soy un tipo sensible. En el capÃtulo de cabreos y desconciertos, una anécdota. ¿Ves normal que los dos trailers previos a la proyección sean de dos pelÃculas tan enfrentadas como Natividad (sobre la vida de los “padres” de Jesucristo) y La Matanza de Texas? Mal gusto.
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Hey, pues que a mà tampoco me llegó a convencer este De Palma. Sin embargo, entre los aciertos –acaso menores– hay varios recordables: la decadente atmósfera tÃpica del género; las femmes fatales interpretadas por Hillary Swank y Scarlett Johansson (morena y rubia, verdadera y falsa, Swank reivindicando su innegable atractivo sexual y Johansson empleando el suyo como un Mac Guffin); la extraordinaria fotografÃa de Vilmos Zsigmond, de siniestros contrastes y claroscuros; la banda musical que recuerda a la de “Chinatown”. Además, la recreación de época es impecable, pese a que desde Josh Hartnett hasta Swank los protagonistas aparecen demasiado jóvenes, inmaduros, contemporáneos.