Munich
Qué difÃcil es llegar ‘virgen’ a una pelÃcula: sin saber nada de ella, sin haber leÃdo nada. Me ocurre que muchas de las mayores satisfacciones en una sala me las han dado pelÃculas de las que no esperaba mucho. El problema con Spielberg es que le ponemos el listón a 8.000 metros de altura, parece que cada nuevo film tiene que ser una obra maestra. Y claro, Munich no lo es. Lo primero, no hagas ni caso de los tontos malintencionados que, aún sin haber visto la pelÃcula, la ponen a parir por su perfil ideológico. Spielberg deja muy claro que el terrorismo y la violencia (sea o no de Estado, sea árabe, judÃa…) no van con él, que tanto los malos como los buenos, tanto las vÃctimas como los verdugos se intercambian siempre los papeles y que unos y otros tienen sentimientos y familias y vidas. Y que no podemos designar por un grupo a un todo ni viceversa.
Hablando de cine, la historia transita por el terreno del thriller con maestrÃa, con escenas que suben el ritmo cardiaco, con intensidad, con dureza (hay planos que hablan de verdad de la infamia de las armas y de las bombas). Munich es muy buena cuando se mueve en esos parámetros y es menos buena cuando se detiene en las conversaciones filósoficas, en las razones de Estado, en las justificaciones. No hay que buscar clases de historia o de antropologÃa en esta historia, hay que sentirse intimidado por la rabia y la indecencia de los mandatarios y de sus sicarios y por los peligroso de los fanatismos (sean del signo que sean). Por lo demás, gran música de Williams, excelente diseño de producción y magistral fotografÃa. El casting es raro, Eric Bana funciona bien, pero hay otros personajes (Louie y su padre, Daniel Craig…) que no cuajan (también influye un guión poco amigo de dar profundidad a los secundarios). Y, sobre todo, penoso el casting del doblaje (sÃ, para mi desgracia la vi doblada).
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