Tropa de élite

Cartel de Tropa de éliteUno tiene la sensación de que el verano es el paraíso de las películas de 25 minutos (X-Files, Hanckok, La Momia), filmes que tras la hipnosis inicial, generalmente construida a base de efectos digitales, acción y efectos de sonido, todo se vuelve rutinario, cansino, prescindible. Son los clásicos taquillazos de verano, destinados al olvido más inmediato. Pero los designios de las distribuidoras ha provocado que una película realizada hace 1 año y premiada en el Festivalde Berlín nos “alegre” el verano.

Es llamativo que una película que ha despertado tanto interés y entusiasmo en Brasil, llegue con tanto retraso; pero, al mismo tiempo, se agradece algo de fuerza narrativa e interés humano entre tanta mediocridad. La cosa va de lo siguiente. Río de Janeiro, 1997. A Nascimento, capitán del BOPE (Batallón de Operaciones Especiales de la Policía), la tropa de élite de la Policía de Río, se le asigna limpiar las favelas del cerro (morro) de Turano debido a la visita de Juan Pablo II. Será la última misión del capitán, que busca desesperadamente un sustituto que le permita escapar de su vida profesional para salvar su vida personal.

Acusada de fascista por la izquierda y de poco rigurosa por la derecha, el director, excelente José Padilha, se la juega con una cinta incómoda y sincera, en la que nadie sale indemne: ni la policía corrupta, ni los pijos consumidores de droga ni, por supuesto, los traficantes y delincuentes que se refugian en las impenetrables favelas. Entiendo que el miedo que algunos tienen es que es inevitable alinearse al lado del capitán, a pesar de que sea capaz de recurrir a la tortura. Seguramente Padilha nos ablanda con la historia familiar de Nascimiento, lo que nos invita a perdonar su desmesurada actuación. ¿Hubiéramos pensado igual de los delincuentes si el director hubiera profundizado en su situación personal, en los traumas causados por sus infancias desarragaidas, en el sufrimiento inflingido por una sociedad que desprecia a los perdedores?

En cualquier caso, el producto final es un pedazo de cine que, además de mantenernos pegados con Loctite al asiento, nos plantea preguntas y nos invita a volar, con imágenes potentes, a una realidad que parece haber desaparecido de los telediarios.

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