Un «remake» que no da miedo: Dark Water
Me parece absurdo condenar un «remake» por el simple hecho de serlo, y a las pruebas me remito -la estupenda La Matanza de Texas 2004, por ejemplo-, pero en el caso de Dark Water creo que la versión norteamericana, sin ser fallida, no acaba de estar a la altura. Para empezar, seamos simples, se trata de una pelÃcula de miedo que no da miedo. Y no me refiero a los sustos o el efectismo, porque en muchas ocasiones la creación de ambientes y tensiones resulta mucho más interesante que el acto en sà mismo. Precisamente en lo turbio y angustiante de los ambientes creados estaba el mérito de la versión original oriental de esta pelÃcula. En la nueva versión se llega uno a aburrir un poco a la mitad de la pelÃcula, aunque la solidez de los actores -en especial una sobria y creÃble Jennifer Conelly- nos mantiene esperanzados hasta que al final la cosa se anima. El último cuarto de hora está bien resuelto y nos ayuda a apreciar la belleza de la historia, haciéndonos olvidar cierto tedio anterior. Lo que no podemos olvidar es que no hemos sufrido en ningún momento de la historia, y eso, en una pelÃcula de miedo, es inaceptable.
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No creo que por el mero hecho de ser un ‘remake’ se deba criticar a una cinta, pero, de entrada, ya parte de una idea no original, heredada de otro. Lo mÃnimo que hay que pedirle a un ‘remake’ es que aporte algo nuevo y distinto de la historia original. Y por eso critico los ‘remakes-calcos’ del original. Un ejemplo de esta misma semana: ‘La ProfecÃa’. Mismo tÃtulo y misma trama argumental, según los comentarios que he leÃdo sobre ella. Conclusión: se trata de pelÃculas para que la industria siga adelante. No lo objeto, pero el arte es otra cosa.